jueves, 23 de enero de 2014

Prócer de la Orquesta Sinfónica de Venezuela

VICENTE MARTUCCI: 
UN MAESTRO INSPIRADOR PARA LA JUVENTUD MUSICAL DE VENEZUELA

La Orquesta Sinfónica de Venezuela arriba a 84 años de actividad ininterrumpida. Pionera en el movimiento sinfónico nacional, fue producto de la ardua labor de músicos que lucharon en tiempos difíciles –aún sosteniéndola por sus propios medios- para dar permanencia a una institución que desde su primer concierto público, sirvió a los intereses más nobles: darle al país lo mejor de la expresión creativa a través de la música. Es importante conocer a estos maestros, cuyo legado disfrutamos hoy. En el caso de Martucci, fue notable su inclinación por el área pedagógica y fue uno de los impulsores dentro de la OSV de esa inclinación de la orquesta hacia la educación musical.


Evelyn Navas Abdulkadir. Prensa Orquesta Sinfónica de Venezuela. Vicente Martucci llegó a Venezuela en 1897. Venía de Santa Lucía de Severino, Provincia de Avellino, Italia, de donde era oriundo. Su familia contaba con miembros dedicados a la música a nivel profesional. Su hermano Lepoldo Martucci fue director de la Banda del Estado Zulia y su primo hermano Ángel Mottola Martucci, se destacaría como compositor de piezas populares que fueron plasmadas en un álbum musical,  publicado por el Club de Leones de Barcelona en 1947, en homenaje a su labor creativa.
El maestro Martucci se acomodó rápidamente en la Venezuela de aquel entonces y con rapidez formó parte de la vida artística y cultural de la sociedad caraqueña y figuró gracias a su notable talento en los espectáculos musicales escenificados en la capital.
Llegó a ser inspector de bandas marciales militares, director de espectáculos públicos de Caracas y director de las escuelas de bandas del Ejército Nacional. Cabe destacar su encomiable labor cuando por petición del General Gutiérrez Méndez, alcalde de la Cárcel Pública, creó la ejemplar escuela de música de la cárcel caraqueña para que los jóvenes reingresaran a la sociedad con una profesión digna, como hombres de bien, enseñándoles música de banda.
En la Venezuela del Siglo XX, Vicente Martucci, escribió con honores el capítulo de los inicios de la música orquestal. Dotado de una sólida formación y excelencia académica, eran admirables sus ejecuciones como director de orquesta y las llamadas “bandas marciales”. Tenía una notable capacidad para concertar el montaje de conciertos de música clásica y también sobresalió como músico de alto nivel, con un carácter afable que le haría brillar en los círculos sociales de entonces.
Sin embargo, su historia no es muy conocida. El maestro Vicente Martucci trabajó sin recursos económicos para crear un movimiento orquestal en nuestro país, en tiempos difíciles y oscuros. Nunca le fue reconocida su loable actividad para motivar el gusto por la música académica en el público venezolano.
En la Venezuela del siglo XX era muy pocas las actividades musicales que se desarrollaban a nivel profesional. La ópera y la zarzuela tenían gran aceptación en todo el país y sobre todo en la capital, donde llegaban compañías internacionales que realizaban presentaciones en los teatros no sólo de Caracas, sino en las principales ciudades de provincia. Estas compañías traían a sus propios cantantes, corales y músicos. Sin embargo, no existía una orquesta profesional en nuestro país para ese entonces.
En el año 1921 Monseñor Ricardo Bartoloni, sacerdote italiano, quien se desempeñaba como secretario de la Nunciatura Apostólica en Caracas, trató de organizar un concierto. Bartoloni había sido colaborador de Lorenzo Perosi (Tortona, 1872 - Roma, 1956), el más importante compositor de música sacra en el siglo XX italiano (director musical de la catedral de Venecia y director musical de la Capilla Sixtina en el Vaticano). Con la venia de Perosi, se dio a la tarea de montar cuatro  de sus obras: el oratorio La Resurrección de Lázaro, la Misa Pontificia, la Misa Eucarística y la Misa de Réquiem. 
Estas obras eran de gran formato y estructura musical compleja y para su ejecución se requería un coro de unas cincuenta voces y una orquesta de sesenta ejecutantes. Tarea enorme para un país en donde no había ni siquiera una  sinfónica. La misión de orquestar este montaje inmenso recayó en el maestro Vicente Martucci, quien contó con la colaboración de Monseñor Nicolás Navarro. Fue un hecho trascendental porque por primera vez en Venezuela se lograba reunir a tantos músicos y coristas y el estreno de ese montaje fue todo un éxito.
A partir de esta hazaña, nació la inquietud de Martucci de contar con una orquesta sinfónica profesional para hacer frente a nuevos montajes de grandes obras académicas.
El 11 de febrero de 1922, bajo el patrocinio de la iglesia católica y junto al violinista y compositor Manuel Leoncio Rodríguez y el violonchelista Andrés Áñez, el maestro Martucci crea la Orquesta de la Unión Filarmónica de Caracas, la primera orquesta sinfónica fundada en nuestro país, pero que no pudo sostener su actividad en el tiempo. En el año 1929  dejó de funcionar por falta de recursos económicos.
Con esa inquietud, el maestro Martucci siguió interesado en dar vida a una orquesta sinfónica. Junto a los músicos de la extinta Unión Filarmónica, responde al llamado de los maestros Vicente Emilio Sojo, Ascanio Negrete y Simón Álvarez para ensayar  el 15 de enero de 1930 y reorganizan filas para constituir a la que llamaron “Sociedad Orquesta Sinfónica Venezuela". La Orquesta Sinfónica de Venezuela nació así, hace 84 años, siendo sostenida económicamente por sus propios miembros. El 24 de junio de ese mismo año, día en que se celebraba el aniversario de la Batalla de Carabobo, tuvo lugar el primer concierto de la Orquesta Sinfónica Venezuela en el Teatro Nacional. El programa se dividió en dos partes, Martucci dirigió la primera y Sojo la segunda. Fueron tiempos muy difíciles, pues ni el gobierno de aquel tiempo ni el sector privado apoyaban la labor cultural.
De hecho, el 18 de agosto de 1930, después de haberse realizado la primera presentación de la orquesta ante el mundo, el 24 de junio en el Teatro Nacional de Caracas, se convocó a una reunión en el local de la Escuela de Música y Declamación de la Academia de Bellas Artes de Caracas (hoy, Escuela de Música José Ángel Lamas) en la cual se nombró, por votación secreta, al Maestro Vicente Emilio Sojo presidente de la Junta Directiva. Sin embargo, el Maestro Sojo, en forma sorpresiva, declinó el nombramiento, lo cual obligó a la reunión a proceder a pedirle al Maestro Martucci que aceptase el cargo por ser quien le seguía en número de votos. El Maestro aceptó, convirtiéndose en el primer presidente electo de la recién creada institución sinfónica. Habiendo dirigido la primera obra que interpretó la Orquesta Sinfónica de Venezuela en su historia, la Obertura “Der Freischutz” (El Cazador Furtivo) de Carl María von Weber, también le tocó el honor al Maestro Martucci de ser el primer director de la orquesta.


El maestro Sojo asumió la presidencia un año y medio después, y bajo su gestión se encargó de trabajar arduamente para lograr la asignación de un presupuesto que le permitiera a la orquesta su profesionalización. Desde el año 1948 la Orquesta Sinfónica de Venezuela recibe una asignación presupuestaria por parte del Ministerio de Educación, hoy Ministerio para el Poder Popular de la Educación.
Gracias a la influencia y a la visión del Maestro Vicente Emilio Sojo, la Orquesta Sinfónica de Venezuela en sus primeros años logró captar el interés nacional hacia la música académica. Músicos de otras latitudes llegaron a nuestro país, para regalarnos talento y formar parte de los primeros educadores dedicados a impartir sus conocimientos en nuestro país.
Durante muchos años, las orquestas sinfónicas venezolanas contaron con las contrataciones de músicos de Italia y Estados Unidos, por ejemplo. En fechas más recientes, las escuelas de música en Venezuela cobraron fuerza para darles profesionalidad a los músicos de nuestro país. Fue con esfuerzo, tesón y una visión de futuro que los primeros maestros lucharon por asentar un movimiento sinfónico profesional, que contara con grandes talentos para expresar magistralmente lo mejor de la música académica universal.
Vicente Martucci muere inesperadamente –en circunstancias misteriosas- a los 44 años. Era muy apreciado socialmente y la noticia sacudió a los medios de comunicación de 1941, que lo identificaban como Director de la Orquesta Sinfónica de Venezuela, aún cuando ya no lo era. Sin embargo, mucho de su legado se perdió, incluyendo sus composiciones. Con los años llegó a aparecer en los archivos de la Escuela de Música José Ángel Lamas una composición suya llamada Año Jubilar, marcha triunfal para piano. Seguramente el maestro Martucci compuso mucho más, pues era un músico muy compacto y creativo.
Sobre el carácter del maestro Martucci el profesor Lira Espejo expresó hace algún tiempo: "Su capacidad organizadora y la constante aspiración de abrir perspectivas superiores a la música dejaron profunda huella en las búsquedas orquestales de ese entonces. No sólo actuó junto a los entusiastas jóvenes que buscaban horizontes inalcanzables a través de iniciativas renovadoras, la mayor parte de ellas impulsadas por el propio Maestro Martucci, sino que desarrolló una espléndida acción como profesor, de tal manera que gran cantidad de sus alumnos no sólo ocuparon prominentes responsabilidades en Venezuela, sino que lograron destacarse en Argentina, Panamá, Londres y Alemania”. Sin duda alguna fue precursor del movimiento educativo musical en nuestro país.
Hoy la Orquesta Sinfónica de Venezuela cuenta con 100 músicos profesionales, todos ellos profesores de música, que comparten su pasión por tan bello arte en las aulas a través del programa socioeducativo La OSV En Mi Escuela.

Fuentes consultadas: textos originales de Hugo Álvarez Pifano, musicólogo y crítico de música, con especialización en ópera y temas musicales de nuestro país y profesor Alejandro Ramírez, miembro de la Orquesta Sinfónica de Venezuela, quien fuera presidente de la Junta Directiva en el lapso de 1991 a 2010.



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